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25 de septiembre de 2014

Angie



Me acerco al balcón y me pierdo más allá de los bloques de pisos, de las casas y del resto de edificios, de los árboles y las montañas que ahora no veo pero que en un pasado no muy lejano aún se podían contemplar, mis ojos ya no divisan bien los paisajes que aún se distinguen alrededor, pero mi corazón llega más lejos, cruza las montañas, bosques, polígonos industriales, campos, pueblos y ciudades, y se detiene en aquella villa de mar donde nada ha cambiado, porque en mi corazón todo sigue igual, las barcas amarradas en el puerto, la taberna, las paredes encaladas de las casas, la playa y el paseo.

Mi hermana me llamó esa mañana para que pusiera el programa de radio que ella escuchaba, tardé unos diez minutos en encontrar la emisora, la antena de la radio no me permitía escuchar claramente la voz del locutor, pero un trozo de cinta aislante arregló la conexión. Era una voz masculina, clara, firme, serena, fuerte y dulce a la vez, era una voz diferente que de repente decía mi nombre y me dedicaba una canción, el programa terminaba con un fragmento de otra canción, los radioyentes teníamos que escuchar unos segundos de esa melodía, llamar al programa en directo y decir el título, no sé si fue porque era uno de mis temas favoritos, o porque sabía que mi hermana seguía escuchando el programa que me decidí a llamar, y por supuesto acerté el título, la verdad es que no sabía ni cuál era el premio, ni si había ningún premio, pero sí que lo había, nada más y nada menos que una cena con el locutor. Pasé los días previos a la cena tan nerviosa que me probé toda ropa que tenía en el armario, unas veinte veces sino fueron más. Imaginaba su cara y mi imaginación me llevaba a multitud de diferentes rostros, pero aún faltaba un mes para esa cena.

Cuatro días antes me desplacé en tren a casa de mi hermana, ella vivía allí, en esa villa de mar, así aprovechaba para pasar unos días con ella, durante esos días dimos varios paseos por el puerto y recorrimos varías veces la playa descalzas, con disimulo, mirábamos desde la distancia la taberna que se anunciaba tantas veces en el programa de radio y donde iba a tener lugar la cena. La verdad es que llegado el día de la cena pasé las horas previas al acontecimiento más tranquila de lo que era de esperar, parecía que los nervios se habían quedado en las huellas que había dejado al pasear en la arena.

Llegó el ansiado momento, el de la cena, la cual fue muy suculenta, sin duda nos deleitaron con los mejores platos de la carta, el vino era exquisito, de calidad, sin duda alguna de las mejores viñas de la comarca, el locutor con voz de tantos rostros, no tenía ningún parecido con los cien que había imaginado, era un hombre con la mirada serena, gafas y una barba muy fina que le hacía aún más atractivo de lo que le imaginé, la noche fue la primera de muchas noches perfectas.

En la radio suena Angie, un suspiro me devuelve a mi balcón, es de noche y las farolas de las calles están encendidas, un viejo espejo me muestra mi cuerpo desnudo, es otro cuerpo que nunca has recorrido, ni has sentido, otra habitación, otra noche, otra larga noche para recordarte.

© Maria Plana Nova

1 comentario:

  1. JORNALERO SIN NOMBRE

    Barranco profundo
    Lecho de nada
    Rama seca de raíz muerta
    Segada por el viento

    En la noche el silencio
    Nadie pasa por la vereda
    Un perro ladra al viento
    El pájaro calla en la arboleda

    Yantar de peregrino
    El pan duro sin vino
    Alimenta sus carnes
    Servir de bestia es su sino

    Sino de labrador sin tierra
    La lleva en las albarcas
    Que sus pies recogían
    Cavando la tierra con la azada

    Surcos en su cara
    Espejo de la tierra
    Con sus manos arada
    Sin calendario ni tiempo

    Amarga hiel de estomago vacío
    De ponzoña alimentado
    Horadando la tierra como raíz
    Herida por el arado

    Buscando sustento en zurrón vacío
    El hambre que su andar corta
    Como la hoz a la mies seca
    En la campiña amarillenta

    Es su herida en el alma
    Hecha por el tiempo
    En tiempo pasado
    Sin prisa ni calma

    Herida de no haber sido
    Herida de lo que fue
    Esclavo en la tierra libre
    Murió su ilusión con el

    En ella quedó clavado como árbol seco
    Solo será leña, su raíz ha muerto Se fue con su vida de zarzas cubierta. Andrés Ortiz Aguilera 1990

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