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19 de septiembre de 2014

Mi espada: la pluma


Tal vez ahora, tal vez nunca,
llegue la hora de blandir la pluma.

Puede, pero si no lo hago,
no cruzaré el desierto,
ese del sueño yerto,
el de sin palabras en la hoja,
el de la mente vacía,
del que ya no llora.

Tal vez ahora, tal vez siempre,
tenga que asir la pluma.

Con ella, con gallardía,
he de batallar contra la desidia.
Lastimaré a la blanca hoja,
sangrará y no será roja.

Líneas de lágrimas negras,
palabras de amargas esperas.
Inspiración ya en el olvido
de las musas en el exilio.

Lucharé contra el papel vacío
por la inspiración que ansío.
Sin descanso esgrimiré la pluma,
contra el viento, contra la bruma,
contra la hoja sin palabras, muda.

Tal vez ahora, tal vez nunca,
llegue la hora de blandir la pluma.

Tal vez ahora, tal vez siempre,
tenga que asir la pluma.

Tengo, tengo que hacerlo, lucharé.
Lucharé contra la desolación,
contra el vacío hallado en el corazón,
contra el desamor y la pobreza,
contra el que causa una guerra.

No olvidaré a la mujer asesinada,
ni tampoco a la que fue violada.
Las recordaré en una hoja eterna,
escrita con los versos de mi espada.

Mi espada, mi pluma afilada,
asida en mi mano hiero el papel
rezumando veneno de tinta negra.

Sangre oscura, muerte lenta,
musa yerta, polvo en el desierto,
alegrías en las venas, penas al viento.

© Ramon Gaspar Escoda.

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