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6 de octubre de 2014

El profesor



Él era mi nuevo profesor de lengua:
joven, tímido, soñador, despeinado...
Se sentaba, cabizbajo, sobre la mesa
y abría su libro de poesías, de turno:
algún escritor francés modernista,
solitario, desamparado o suicida.
Yo lo escuchaba absorta... pensativa...
los codos clavados en el pupitre,
mientras, en la clase reinaba un caos total.
Él empezaba a comentar el texto leído;
siempre acababa hablando de su soledad...
de su pequeña habitación alquilada.
Bastaba una sola mirada suya
para que yo me sonrojara.
Yo quería salvarlo de si mismo,
de su depresión, de su gran desamparo;
pero él jamás me vio de verdad.
Yo no figuraba en el calendario de las
posibles musas: era una adolescente
demasiado delgada, alta, con la cara
llena de granos y el pelo grasoso.
Ya no recuerdo su nombre, pero
me pregunto: ¿por dónde andará?,
¿habrá sobrevivido a las profundas
asperezas del cruel mundo real?

© Encarna Romero

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